Arrasado por una serie de crisis en cadena que dinamitó la confianza de los ahorradores y lo ha reducido a su mínima expresión, el sistema bancario argentino – con 120.000 millones de pesos argentinos en créditos al sector privado y 160.000 millones en depósitos- todavía lucha por regenerarse tras el devastador efecto de la debacle de 2001.
Es cierto que la banca actual no es la misma que en épocas pasadas, a la que la calificaban como una “bomba de tiempo” con niveles de solvencia más que aceptables y una menor exposición al sector público. De todas maneras, aún padece grandes debilidades.
Las entidades señalan que los depósitos a plazo de muy corto plazp, que no superan en promedio los 60 días, dificultan un mayor dinamismo del crédito por el descalce de plazos mientras que el gobierno les reclama que canalicen al otorgamiento de préstamos parte de la altísima liquidez con la que hoy cuenta el sistema, que ronda el 40% de los depósitos totales.
En la actualidad, gran parte de esos recursos ociosos terminan volcándose a préstamos de muy corto plazo al Banco Central (pases) o bien a las letras que la entidad monetaria licita cada semana.
Según las proyecciones del Programa Monetario de este año, se espera una expansión del 25% del crédito, es decir, más del doble del crecimiento registrado en 2009, con un primer semestre de estancamiento debido al complicado entorno internacional, además de la cuota de incertidumbre que sumaron las elecciones legislativas del 28 de junio del año pasado.
Los créditos personales y la financiación con tarjeta de crédito han resultado las más dinámicas, con una expansión del 11% y el 22%, respectivamente en el último año. En cambio, tanto las hipotecas como los créditos prendarios finalizaron una contracción del stock.
Para la mayoría de los argentinos, el acceso a créditos hipotecarios sigue siendo virtualmente imposible, aún con la reciente aparición de líneas con tasa fija o combinada. “El desfasaje cuota-ingreso hace muy difícil cumplir con el requisito del 30% que estipula la mayoría de las entidades”, precisó José Rozados, de la consultora Reporte Inmobiliario.
El stock de hipotecarios suma apenas 18.000 millones de pesos y en el 2009 terminó con una caída del 2%. Además, las líneas financiadas con fondos de la jubilación estatal (ANSES) no lograron el impacto esperado.
Pero no han sido sólo los préstamos a largo plazo los que no han conseguido despegar. En los últimos cinco años, los créditos vinculados al consumo han duplicado su peso en las carteras bancarias, en contra de los préstamos para el sector productivo que ha disminuido en un tercio, indicaron desde el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (CEFID-Ar).
Es justo por eso por lo que la flamante presidente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, haya reclamado a los banqueros un mayor foco en el financiamiento destinado a la economía real.
Un dato positivo es el bajo nivel de irregularidad del sistema. La morosidad entre las familias se aloja cerca del 5%, mientras que entre las empresas es de alrededor de la mitad, sin grandes variaciones entre bancos públicos y privados.
En lo referido a la financiación de las entidades, unos 90.000 millones de pesos son colocaciones a la vista o cuentas transaccionales, y otros 65.000 millones depósitos a plazo fijo del sector privado.
A diferencia de lo que ocurría antes de la crisis de 2001, las colocaciones a plazo en dólares tienen hoy una participación marginal, con menos de 12.000 millones de dólares (actualmente su uso está restringido a la financiación de exportaciones).
Durante 2009, los depósitos de los argentinos se elevaron a una tasa del 13%, pero cabe señalar que más de 3.600 millones de pesos llegaron a fugarse de los bancos durante los cuatro meses previos a las elecciones de junio. Pasada la votación, volvió la calma.
En efecto, durante enero de este año los depósitos demostraron una estabilidad que sorprendió a muchos, pese a la pelea institucional que enfrentó al entonces presidente del Banco Central Martín Redrado y el Gobierno Nacional, encabezado por Cristina Fernández de Kirchner.
Aunque los argentinos han regresado a los bancos pese a la traumática experiencia del corralito, las tasas negativas en términos reales continúan haciendo de los depósitos bancarios una alternativa poco atractiva para el ahorrista. En la actualidad, un plazo fijo minorista a 30 días paga alrededor del 10% anual, cuando las estimaciones extraoficiales de inflación hacen mención a un piso del 15%.
La desconfianza aún es palpable en el horizonte de los depósitos: los plazos fijos a un año o más representan menos del 10% del total de las colocaciones. Con tasas deslucidas y una historia aún fresca de incumplimiento de las reglas del juego, los bancos por lo general terminan perdiendo la pulseada con el dólar.
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