Los principales índices internacionales han sufrido descensos generalizados durante el mes de agosto como consecuencia de la aguda crisis de deuda. La inesperada rebaja de calificación de Estados Unidos extendió aún más las preocupaciones sobre el problema de la deuda a nivel internacional. De forma paralela, síntomas nuevos de debilidad económica al otro lado del Atlántico, han intensificado el nerviosismo en los mercados.
Del lado macroeconómico y al otro lado del Atlántico, los datos publicados han confirmado una destacable desaceleración de la recuperación económica. Cifras como las presentadas por los gastos e ingresos personales quedaron por debajo de lo esperado por el mercado. La debilidad mostrada por los datos relacionados con el sector servicios y manufacturero han intensificado las dudas entre los inversores. Por su lado, el mercado laboral y el inmobiliario continuaron con importantes dificultades para recuperarse. De forma paralela, el PIB de EE.UU. tampoco alcanzó el consenso del mercado y produjo un escepticismo sobre la situación económica del país. Finalmente y como consecuencia del escenario macroeconómico, el índice de confianza de los consumidores descendió hasta niveles mínimos de dos años. La rebaja de la previsión del crecimiento mundial que realizó Morgan Stanley no hizo más que aumentar los miedos.
La crisis de deuda se acentuó en Europa al mismo tiempo que las primas de riesgo de Italia y España alcanzaban niveles preocupantes, lo que aumentó la presión bajista en los mercados. Debido a ello, el Banco Central Europeo reaccionó con las recompras de bonos de ambos países, ayudando así a devolver puntualmente la estabilidad en las bolsas, a la vez que los gobiernos de estos países respondían con nuevos ajustes para reducir el déficit. De cualquier forma, los principales mandatarios del viejo continente no fueron capaces de generar la confianza suficiente y necesaria a los inversores y, por el momento, descartaron la posibilidad de recurrir a los eurobonos.
En el ámbito empresarial, las referencias quedaron en un segundo plano después de que en el mes de julio los resultados corporativos del segundo trimestre del año tuvieran una lectura positiva.
La Fed centró tambié la atención de los inversores. Aunque en una primera comparecencia el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, afirmó que, por el momento, no habría una nueva oleada de estímulos económicos, una nueva reunión a finales de agosto dejó entrever que sí habría nuevas medidas en septiembre, convirtiéndose en el principal catalizador para las bolsas en las últimas sesiones del mes.
Por lo tanto, agosto de correcciones generalizadas en las principales plazas bursátiles internacionales y notable volatilidad ante la desconfianza producida por la crisis de deuda actual y la falta de medidas contundentes y ágiles por parte de los principales dirigentes internacionales para encontrar soluciones. Los temores a que el problema de la deuda y los consecuentes ajustes fiscales conlleven una ralentización severa de la economía, mantuvieron en todo momento la prudencia entre los inversores, sin encontrar catalizadores suficientes para motivar una recuperación sustancial en los mercados.
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