Los principales índices a nivel internacional cierran el tercer trimestre del año con descensos generalizadas al mismo tiempo que se ha intensificado el sentimiento de desconfianza en los mercados como consecuencia de la dimensión que ha tomado la crisis de deuda en Europa pero, también, debido al empeoramiento de la situación económica global. Las caídas comenzaban en el mes de julio con la agudización de la crisis de Grecia pese al acuerdo alcanzado por la Unión Europea con el fin de ayudar al país, y coincidiendo además con la decisión del Banco Central Europeo de elevar los tipos de interés. Ya en agosto, la inesperada rebaja de rating a EE.UU. se convirtió en el desencadenante de fuertes y contundentes correcciones, a la vez que las primas de riesgo de Italia y España escalaban posiciones a gran velocidad produciendo un sentimiento de alerta y una reacción extraordinaria del BCE confirmando nuevas compras de bonos de ambos países.
De forma paralela, la presión instó al presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, a anunciar nuevas medidas de estímulo con el fin de apuntalar la economía estadounidense mientras en Europa los países periféricos de la eurozona respondían con contundentes ajustes para reducir el déficit. No obstante, la ausencia de medidas unánimes y, sobre todo, ágiles por parte de la clase política para dar soluciones a Grecia, se convirtió en el lastre principal para los mercados.
En septiembre, duros informes y previsiones para la economía mundial aumentaban la presión en los mercados, siendo necesarias nuevas intervenciones de los principales dirigentes para estabilizar la situación. La aprobación de la flexibilización del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera se ha constituido como el principal catalizador pero sin resultar suficiente. En este contexto de descensos generalizadas, las pérdidas acumuladas en lo que va de año se han intensificado. En el caso del Ibex, hasta septiembre se dejó por el camino un 13,74%, por su parte el CAC 40 cedía un 22,17%, el DAX alemán un 20,9% mientras el FTSE 100 un 13,65 %. Al otro lado del Atlántico, el Dow Jones cedió un 5,76%, el S&P un 10,01% y el Nasdaq un 3,54%.
Del lado macroeconómico, la incertidumbre y las dudas se intensificaron debido a la mayor debilidad mostrada por los datos publicados. En EE.UU., tanto el sector servicios como el manufacturero indicaron un fuerte debilitamiento. Las cifras relativas al mercado laboral, no hicieron más que corroborar un contexto muy delicado con el empeoramiento tanto de la tasa de desempleo como del ritmo de creación de puestos de trabaja. El PIB relativo al segundo trimestre del año se situó por debajo de las perspectivas, pese a revisarse al alza en septiembre. Los datos relativos al control de precios mostraron cierta contradicción. Aunque en julio el IPC no alcanzó previsiones, en septiembre pudo batirlas, generando ciertos ánimos sobre la demanda del país, aún así, la cifra de ventas minoristas extendió escepticismo al respecto. Por último, los datos relativos al sector constructor/inmobiliario continuaron mostrando una clara dificultad de recuperación del mismo. Con este contexto, algunos índices de confianza alcanzaban mínimos de dos años. El informe del Libro Beige de la Fed apuntaba que la recuperación económica de EEUU estaba siendo lenta y modesta. La respuesta de Obama con un nuevo plan de estímulo para la economía americana fue la confirmación de la necesidad de inminentes medidas que lograran revertir el sentimiento de desconfianza extendido entre los inversores por el temor a una nueva recesión económica global.
Al mismo tiempo, el resto de informes económicos no han mejorado la visión de los inversores. En concreto, desde el FMI se rebajaban las previsiones de crecimiento de países como EE.UU. Además, la presidenta del FMI, Lagarde, advertía del riesgo de una inminente recesión global. Por su parte, el Banco Mundial confirmaba que, aunque EE.UU. puede evitar la recesión, Europa vive una situación económica delicada. Morgan Stanley rebajaba también sus previsiones de crecimiento económico mundial mientras la caída del precio de las materias primas registrada a finales de septiembre no hacía más que corroborar unas perspectivas económicas más débiles. A nivel nacional, el Banco de España confirmaba también una ralentización del crecimiento económico en el tercer trimestre del año.
La crisis de Grecia se convirtió en el principal foco de atención en los seis primeros meses del año. Aunque en julio se alcanzaba un acuerdo para ayudar al país, el escepticismo y las dudas no tardaron en llegar ante la falta de medidas consensuadas para dar una solución convincente para abordar el problema y reducir presión sobre el resto de Europa pero también sobre la economía mundial. La dimisión de Stark del BCE fue una confirmación evidente de la división de la clase política en lo que a las soluciones para Grecia se refiere. Los diferentes posicionamientos de los principales dirigentes fueron constantes a lo largo de las últimas semanas, intensificando las dudas y los nervios entre los inversores. La idea de los eurobonos como solución a la crisis de deuda en Europa fue extendiéndose y animando a los mercados, sin embargo, la postura contraria mostrada por Merkel redujo las esperanzas sobre la aprobación inminente de esta posibilidad. Las reuniones extraordinarias fueron una realidad aunque sin encontrar catalizadores lo suficientemente importantes para generalizar ánimos entre los inversores. La aprobación para flexibilizar el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera se convirtió en el principal logro de la clase política en este trimestre. Asimismo, la acción coordinada para inyectar liquidez al mercado del BCE, la Fed y otras autoridades monetarias como Reino Unido, Japón o Suiza tuvo una buena acogida entre los inversores. Mensajes como el lanzado por el G20 con el que se comprometían a dar respuestas coordinadas a la situación económica actual ayudaban también a dar estabilidad a los mercados.
Del mismo modo, el apoyo mostrado por EE.UU. a Europa, al menos por parte de Geithner y también de Obama, aumentó los ánimos entre los inversores. La intensificación de la tendencia a la baja del eurodólar en estos últimos meses se ha convertido en otra de las confirmaciones más evidentes de la desconfianza que genera la crisis de deuda en Europa.
A nivel empresarial, las publicaciones quedaron en un segundo plano, al permanecer la atención completamente centrada en la crisis de deuda. Los resultados empresariales relativos al segundo trimestre del año tuvieron una lectura positiva, confirmando la buena evolución general de los mismos. Por sectores el comportamiento ha continuado siendo dispar y en las últimas semanas ha empeorado sustancialmente la tónica de algunos sectores que habían mostrado una tendencia más positiva en el primer semestre del año, como el sector automovilístico, químico, industrial o de recursos básicos.
Paralelamente, los sectores bancario y de servicios financieros han continuado sobresaliendo negativamente entre el resto. Del lado contrario, el sector utilities, de cuidado personal, energía y telecomunicaciones han estado entre los que mejor han aguantado el tipo en el complejo contexto actual de los mercados.
El sector bancario volvió a acaparar todas las miradas, primero en julio tras la publicación de los stress test en Europa que tuvieron una lectura neutral, tranquilizando ligeramente sobre la situación de las entidades aunque sin conseguir inyectar una gran dosis de confianza. Sin embargo, tras la agudización de la crisis de deuda, el sector bancario ha sufrido un castigo muy severo en estos últimos meses descontándose un panorama más incierto para el mismo. Los informes corroboraban estos temores.
Concretamente, Goldman Sachs alertaba que los bancos europeos podrían necesitar más liquidez con el contexto actual mientras Rehn de la CE confirmaba que las entidades europeas tienen crecientes problemas de financiación. S&P tampoco ayudaba rebajando la calificación de los bancos italianos. La rebaja de rating de Moody’s a entidades como Bank of America, Citirgroup o Wells Fargo incrementaba la presión a nivel internacional. A nivel nacional, el Banco de España y algunas entidades no tardaron en defenderse desmintiendo tales necesidades de liquidez, aunque el proceso de reestructuración e integración de entidades en España continuaba siendo una realidad para evitar nuevas intervenciones.
Por lo tanto, retrocesos generalizados en el tercer trimestre del año al intensificarse los temores sobre las consecuencias económicas a nivel internacional que pueda tener la crisis de deuda europea, convirtiéndose en el peor trimestre en nueve años para el Ibex. La clase política tampoco ha sido capaz de generar la confianza esperada y la prudencia continúa siendo en estos momentos el máximo exponente en los mercados.
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