A medida que se acerca la cumbre de la UE del fin de semana, el mercado sigue apostando por que Alemania optará por el camino de la solidaridad más que el de la disciplina fiscal, pese a la reciente rebaja de las expectativas por parte de fuentes del gobierno alemán. Lo que cada vez tiene más aspecto de jugárselo todo a una carta; más vale que el mercado esté en lo cierto.
Da Vinci, un científico y artista, definió la sencillez como la sofisticación suprema. Si observamos la actual crisis de la UE desde este punto de vista privilegiado, podemos predecir (atención: nos la jugamos con muy poca confianza, o ninguna, en nuestra capacidad de previsión) que estamos en la cúspide de una transición al paradigma de “menos es más”. Pero esto no va a ocurrir de golpe. De hecho, el actual EFSF como vehículo especial y las propuestas de seguros parciales como por ejemplo los CDO dieron al traste con las perspectivas que marcaron la fase final de la burbuja de las subprime en EE.UU. Pero este intento de rescate va a ser el más complicado. Pero vamos a ceñirnos a los hechos: se tiene que destruir deuda y este es el esfuerzo final que irónicamente constituye el intento más frenético por mantenerla viva, pero también el primer esfuerzo por llegar a la raíz de los problemas con los recortes en Grecia.
De aquí en adelante, vamos a ver más medidas encaminadas a prolongar y disimular, pero el ratio de dichas medidas respecto de la necesidad inexorable de destruir la deuda y extender las repercusiones de las malas decisiones del pasado cada vez va a jugar más a favor de esto último. La consecuencia de todo ello va a ser una gran confusión; quizás entre 12 y 24 meses de mucho dolor, puesto que las expectativas de concesiones son inciertas y penosas. Pero los beneficios de desmontar la rueda del hámster en la que se ha convertido la estrategia de prolongar y disimular serán realmente ingentes. Después de todo, la economía es como un incendio forestal: una aparente devastación, puesto que el antiguo bosque queda parcialmente destruido, pero la destrucción también es una renovación que permitirá florecer un ecosistema de mejor calidad en ese mismo lugar.
Después de todo, la economía global padece hoy en día de tres debilidades:
- Dependencia de fuentes de energía cada vez más difíciles de extraer
- Ausencia de capital de riesgo, al pasar masivamente del sector público al sector privado
- Desequilibrios globales por la globalización extrema
Así pues, vamos a dejar de aplicar todo nuestro capital en un sector público que solo está interesado en hacer buen uso de los errores del pasado, por el riesgo de inestabilidad, y que sigue evitando la nefasta necesidad de racionalizar y contabilizar la asignación de gasto excesivamente generosa. Y en su lugar, debemos preguntarnos cómo afrontar el futuro: con nuevas partidas de capital para afrontar el reto de una nueva economía del “menos es más”, es decir, más actividad basada las entradas de recursos energéticos nuevos y más reducidos. También vamos a fijarnos en cómo podemos combatir los desequilibrios creados por la globalización, en lugar de seguir contribuyendo indefinidamente a los mismos.
Así pues, vamos a olvidarnos de la cumbre de la UE y el G20, aunque opten por continuar con la estrategia de prolongar y disimular. Lo único que podemos esperar es que veamos algún detalle de realidad en el debate (como los recortes de Grecia). Este sería el único detalle que en última instancia nos podría sacar del proceso de prolongar y disimular, para conducirnos directamente a una Crisis 2.0. El punto de inflexión del que depende un futuro mejor. En alguna ocasión nos han llegado a llamar los “príncipes de las tinieblas” por nuestras nefastas perspectivas. Pero si nos fijamos en las alternativas, esperamos que todos estemos de acuerdo en que tenemos que ver una puesta de sol en toda regla y algo de oscuridad, antes de que pueda llegar por fin el amanecer de un nuevo día.
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