En las últimas sesiones, las correcciones han vuelto a intensificarse con fuerza. La crisis de deuda europea no remite y las primas de riesgo han vuelto a niveles preocupantes por la falta de soluciones al problema que convenzan a los inversores. Con ello, el sector bancario europeo se convierte de nuevo en el más penalizado en las bolsas: el motivo son las nefastas consecuencias que tiene la intensificación de la problemática de la deuda sobre las entidades financieras. La rueda continúa, porque estas entidades cierran todavía más el grifo a la hora de prestar dinero, agravando la crisis de crédito y dificultando la reactivación económica. Por su parte, los gobiernos de países como España o Italia, recientemente más presionados por la crisis de deuda, anuncian nuevos ajustes fiscales para intentar reducir, aunque sea puntualmente, la presión que se está produciendo a nivel internacional.
Al otro lado del Atlántico, las dudas llegan por la debilidad mostrada por los principales sectores económicos de la zona, que confirman la dificultad para continuar por la senda de recuperación económica de los últimos meses.
Los mensajes de las principales instituciones y los discursos de los respectivos dirigentes centran ahora la atención de los inversores, impacientes por encontrar alguna señal que actúe como catalizador en unos mercados deprimidos e históricamente volátiles. Sin embargo, los informes publicados hasta el momento no ayudan, después de la advertencia del FMI de la posibilidad de una recesión mundial inminente y la comunicación del Banco Mundial, que afirma que EE.UU. podría evitar la recesión pero que Europa se encuentra en una situación delicada.
Más allá de estas confirmaciones por parte de las instituciones más influyentes del mundo, la preocupación se agudiza cuando los mensajes de los principales dirigentes políticos como Merkel o Sarkozy no ayudan a generar la confianza esperada y no son capaces de encontrar soluciones efectivas para la crisis económica actual. Ni las recompras de bonos del BCE para ayudar a los países más afectados ni las medidas de estímulo adicionales para continuar apuntalando la economía son ahora suficientes. Consecuentemente, la inestabilidad en los mercados no cede en la medida que sería necesario y las empresas cotizadas sufren sensiblemente este panorama pese a su infravaloración. Se afianza, por tanto, una crisis de confianza en las bolsas que no entiende de fundamentales, y pesa la inquietud de los inversores ante la falta de soluciones que convenzan para dar respuesta a las principales incertidumbres económicas de la actualidad.
Ahora bien, a raíz de la recaída de la crisis de deuda europea sufrida este pasado mes de agosto, una palabra ha empezado a sonar: los “eurobonos” como solución a esta crisis. La emisión de bonos de la eurozona para remitir la actual crisis de crédito parece una alternativa factible para estabilizar al conjunto de la región y devolver la confianza necesaria sobre la deuda europea. Sin embargo, Merkel se ha mostrado, por el momento, como la principal detractora de esta opción, por el mayor precio que debería pagar Alemania. De todos modos, la desestabilización de la eurozona -agravada por el incremento de primas de riesgo de algunos de los principales países y las consecuentes rebajas de rating- ha penalizado también a Alemania. El DAX ha sufrido una caída muy pronunciada en estas últimas semanas. Por ello, si la presión permanece en los mercados, la aprobación de los eurobonos puede ser una decisión real no tan lejana, que podría convertirse en la inyección de confianza que los mercados demandan.
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