Los operadores de futuros no sólo compiten entre sí en los mercados, sino que también lo hacen contra sí mismos. Al ser seres humanos, se dejan llevar por las emociones y necesitan encontrar una respuesta a sus egos, además de demostrarse que saben lo que están haciendo y que son capaces de cuidarse.
Todas las emociones e instintos pueden combinarse y aportar éxito en una negociación, pero sólo de vez en cuando: la mayor parte del tiempo, se llevan lo mejor de uno y a cambio dejan pérdidas. Pero se puede aprender a controlarlas, y algunas pueden ayudarle incluso a incrementar el éxito.
La confianza en exceso
Es una tendencia que consiste en una creencia desproporcionada en sus capacidades como operador. Quienes sufren este problema, suelen pensar que lo tienen todo resuelto, que no les queda nada por aprender y que tienen el dinero procedente de la negociación en sus manos. Y a menudo se encuentran con situaciones complicadas, porque entran y salen con demasiada frecuencia o se posicionan con un volumen superior al recomendado. Es el típico caso de quienes buscan la jugada redonda.
Inevitablemente, la persona de este tipo acabará ingresando y escapando una y otra vez de las negociaciones, anotando continuos altibajos en su cuenta, o arriesgando demasiado en aquellas operaciones que van mal y que terminan con buena parte de su cuenta.
La mejor manera de superar el exceso de confianza es estableciendo una estricta serie de normas de gestión de riesgos, tales como limitar el número de mercados en los que invierte, el de contratos de futuros con los que negocia de una sola vez, la cantidad de dinero que arriesga, así como la parte de su cuenta que tiene pensado perder antes de tomarse un descanso y valorar de nuevo su estrategia.
La tendencia al anclaje
Consiste en la propensión a creer que lo que ocurra más adelante va a ser tremendamente parecido al presente; que el status quo, en suma, se va a mantener. Cuando el anclaje en el día de hoy sea demasiado fuerte, no será capaz de percibir los cambios drásticos que pueden producirse debido a que los contratos de futuros fluctúan y los elementos fundamentales que subyacen también se modifican. Las personas que padecen esta tendencia esto tienden a encontrarse en situaciones complicadas, debido a que se convencen de que la tendencia actual nunca va a llegar a su fin y de que un cambio de rumbo de los puntos fuertes es prácticamente imposible. A su vez, crean una vinculación emocional con la tendencia anterior y siguen posicionándose con activos que siguen un rumbo contrario al actual, lo que supone una pérdida cada vez mayor.
Para superar esta parte de la personalidad o rasgo psicológico, se recomienda consultar gráficos que recojan intervalos de tiempo múltiples: si basa sus negociaciones en los gráficos de horas, mire la actualización diaria y semanal para ver el punto en el que se sitúan algunos de los niveles de soporte y de resistencia a largo plazo, y cuáles son las tendencias a largo plazo. También, debería observar los de corto plazo para ver saber cuándo hay un cambio en las de corto plazo.
Otra tendencia: la confirmación
Es un rasgo de la personalidad que consiste en la propensión a consultar sólo la información que confirma sus creencias. Quienes padecen tendencia a la confirmación, tienden a ignorar señales de advertencia clave que en circunstancias normales les habrían protegido de pérdidas innecesarias. En su afán por construir un refugio para sus percepciones, pasan por alto los hechos. Entonces, acaban luchando contra las tendencias y por perder dinero con cada concepción errónea.
Para superar esta tendencia de personalidad, se sugiere encontrar a alguien, o a un grupo, con quien hablar acerca de la negociación. Ellos siempre estarán de acuerdo con usted, lo que lo ayudará a contemplar su operación desde perspectivas muy distintas. Esto le puede servir para reforzar sus convicciones, o para cambiar de opinión.
La aversión a las pérdidas
Esta tendencia se fundamenta en la teoría de que el dolor causado por la pérdida de 1.000 dólares es mayor que la alegría que se desata al ganarlos. Quienes sufren esto tienen muchas más posibilidades de situarse en posiciones de pérdidas que aquellos con capacidad para aceptar las pérdidas a corto plazo y entrar en otras negociaciones más rentables. Mantenerse allí pone en peligro la estabilidad de su cartera porque, además de llevarlo a incurrir en futuras caídas de mayor entidad, también le mantendrá apartado de mejores inversiones.
Para superar este miedo, lo que hay que hacer es negociar con órdenes de pérdidas limitadas reales. Muchos operadores se convencen a sí mismos de que van a hacerlo con órdenes mentales de pérdidas limitadas, o sea, una que establecen a un determinado nivel y que se comprometen a activar si se alcanza ese punto. Pero usualmente no llegan a activarlas, porque se dejan llevar por sus emociones y empiezan a racionalizar su elección de permanecer en la negociación hasta que dé la vuelta. Conclusión: tan pronto como entre en una negociación, debería colocar este freno.
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