Todo el mundo tiene claro lo que gusta a los expertos: mayores ventas y mayores beneficios para las empresas trimestre tras trimestre. No obstante, puede ser un error pensar únicamente en el número final de ventas y ganancias a largo plazo, puesto que no todos los tipos de gastos tienen las mismas consecuencias, y el inversor inteligente debe saber analizar las diferencias.
Los mercados tienden a reaccionar con optimismo cuando las compañías publican recortes en gastos de personal, pues con este tipo de medidas reflejan un compromiso respecto a los accionistas y a la rentabilidad de la empresa en concreto. A nadie le gusta, después de todo, tener que despedir a empleados o tener que reducir sus sueldos. Se asume, por lo tanto, que se trata de una medida austera y comprometida. En ciertas ocasiones, las compañías necesitan una reestructuración para poder competir en la economía moderna así como para adaptarse a los cambios tecnológicos. Sin embargo, es importante tener muy en cuenta los efectos que tales recortes pueden suponer sobre los beneficios de la empresa a largo plazo.
En tiempos de la economía del conocimiento, no es tan sencillo medir completamente los efectos de una reestructuración de personal. Y es que despedir a un trabajador o pagar inferiores salarios que a los de la competencia puede convertirse en un gran error si el empleado que ha sido despedido demuestra su valía al generar dura competencia para la compañía para la que trabajaba anteriormente.
Sobran los ejemplos en mercados como el tecnológico, el financiero o el de consumo en los que se puede demostrar que los empleados pueden ser el activo más valioso de una compañía, por lo que dejarlos ir para reducir gastos puede convertirse en uno de los peores errores del equipo directivo.
Lo mismo ocurre con los gastos de marketing y ventas: si una empresa desciende la inversión en estos departamentos, es probable que los efectos del recorte no se vean en las ventas durante un tiempo considerable, con lo cual son una estrategia simple para aumentar rápidamente las ganancias. No obstante, cuando la firma reduce su inversión en marketing y publicidad mientras los competidores la aumentan o sostienen, a largo plazo las consecuencias pueden traducirse en una pérdida de posición dentro del mercado.
Hay que tener en cuenta, además, los gastos en investigación y desarrollo, pues las reducciones en este ámbito pueden provocar el incremento de los márgenes de beneficios tanto en el corto como en el medio plazo. Sin embargo, si la compañía deja de producir bienes con alta calidad como consecuencia de estos recortes, la medida también sería un error para la firma.
No obstante, otros sectores sí pueden ofrecer posibilidades de reducción de gastos sin que ocasiones contratiempos a largo plazo. Gastos como los generales o administrativos en algunas ocasiones se pueden reducir mediante mejoras tecnológicas, incluso procesos más efectivos.
En resumen, la supresión de ciertos gastos pueden ser positivos, no obstante, es muy importante sopesar tales recortes y comprobar las consecuencias negativas que pueden ocasionar a la compañía a largo plazo. Normalmente, las empresas de éxito logran incrementar sus ventas más rápido que sus gastos, lo que aumenta los márgenes de beneficios, sin que la empresa tenga que decantarse por más recortes.
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