Un inversor en divisas debe estar siempre atento a lo que ocurra con los indicadores económicos de los diferentes países en los que coloca su dinero, ya que pueden influir en forma importante en el comportamiento de sus monedas.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que los precios de mercado van incorporando las expectativas del momento sobre las diferentes variables macroeconómicas. Por ello mismo, muchas veces resulta tanto o más importante analizar un dato en sí mismo que comprender cómo fue el indicador económico en comparación con las expectativas que existían sobre él. Las sorpresas, en un sentido u otro, son las que tienen mayor influencia sobre el mercado de monedas.
Uno de los principales factores que afecta a una divisa es la tasa de interés en su país de origen: mayores tipos implican que las inversiones en esa moneda son más rentables, lo cual genera presión compradora y aumentos sobre ella. Por eso, cuando existen señales de posibles aumentos de tasas, así como incrementos concretos, éste suele ser un factor que la favorece.
Las variables que muestran mayor crecimiento económico, como los datos favorables de empleo, la producción industrial, las ventas minoristas, la confianza del consumidor, la actividad inmobiliaria o las compras de bienes durables, suelen tener un efecto positivo sobre el valor de una divisa. ¿Por qué? En primer lugar, porque un mayor crecimiento económico implica mejores oportunidades de inversión en ese país. Pero también, porque los buenos indicadores de actividad generan mayores oportunidades de que se produzca una subida en los tipos.
Por ejemplo, una balanza comercial deficitaria, puede ser señal de una futura depreciación de la moneda en cuestión. Si está importando mucho más de lo que exporta, las empresas locales están vendiéndola para comprar la de un estado extranjero. De esta manera, al pagar las importaciones, la presión vendedora a largo plazo tiende a depreciar la moneda local. Además, es muy habitual que se produzcan presiones por parte de las compañías o los trabajadores para disminuir el déficit de balanza comercial, con lo cual aumentan las probabilidades de que el gobierno en cuestión tome medidas que tiendan a devaluarla para ganar competitividad en los mercados internacionales.
Por otro lado, los datos de inflación suelen ser un poco más engañosos y requieren de un análisis más sofisticado de cada situación en particular. Si no hay perspectivas de aumentos de tasas de interés, un índice de precios al consumidor elevado genera pérdida de competitividad de las firmas locales, lo que implica mayores presiones para que caiga la moneda y recuperar así las ventajas perdidas. Además, si el aumento de la inflación se da en una economía que está experimentando altos niveles de crecimiento económico, puede generar el incentivo contrario: presiones para aumentar el valor de la moneda.
En los casos en los que la inflación es alta y el crecimiento económico también, las autoridades monetarias pueden ser propensas a incrementar las tasas de interés para evitar un recalentamiento de la economía, con lo cual un elevado dato de inflación puede terminar generando una apreciación de la moneda en ese país.
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