La cantidad de dinero que gana una compañía y el nivel de eficiencia en la utilización de sus recursos, son los elementos fundamentales de una empresa y, por eso mismo, dirigen los mercados de acciones y de CFD. Los inversores desean comprar títulos de las compañías que creen que seguirán avanzando por la senda del crecimiento y, en cambio, desean vender los de las empresas que estiman que su crecimiento está próximo a acabar. También, tienen intención de comprar las que en apariencia están infravaloradas. Estas variables crecen y menguan como la luna y, en consecuencia, sus títulos suben y bajan como la marea. Cuando estas se fortalecen, van hacia arriba y con ello se incrementa su cotización. Lo mismo sucede a la inversa.
Ganancias de la compañía
Al comenzar las valoraciones fundamentales, los inversores tienden a analizar cuánto dinero genera la compañía para cada uno de sus propietarios. Después de todo, cuando uno compra una acción, adquiere la propiedad de una empresa. Así, es natural que la cantidad de efectivo que esa empresa gana despierte el interés del comprador de sus acciones.
Para hacerlo, se calcula la ganancia por acción o GPA (EPS en inglés). Con vistas a obtener este dato, se consultan los beneficios generales de la firma y se divide esa cifra por la cantidad de títulos emitidos.
Por ejemplo, si una empresa ha obtenido unas ganancias de 1.000 millones BJ y ha emitido 1.000 millones de acciones, entonces la GPA se situará en 1BJ.
Una vez que se determina esto, la atención pasa a centrarse en cuánto cuesta un título en comparación con los beneficios asignados a cada uno. El ratio que pone en conocimiento esto es la relación precio/beneficios o ratio PER.
Este ratio indica si una acción es relativamente cara o barata, y es un elemento clave porque los inversores buscan comprar las que no sean caras. Por ejemplo, si la GPA de una acción es de 1ВЈ, y esta cotiza en 20ВЈ, su ratio PER será de 20.
A los expertos también les interesa saber si la empresa tiene previsto incrementar sus beneficios en un futuro. Unas buenas ganancias a fecha de hoy son positivas, claro está, pero también quieren saber si pueden seguir creciendo el día de mañana. A su vez, el incremento pasado y presente no garantiza el del futuro. Entonces, cuando opte por la compra de acciones y de CFD, asegúrese de que las compañías que se esconden detrás de esos títulos tienen previsto mejorar, y viceversa.
Eficiencia operativa
Una vez que los inversores han calculado cuánto dinero gana una compañía para sus propietarios, tienden a concentrarse en su grado de eficiencia sobre la utilización de sus recursos. Los papeles de una empresa eficiente tienden a alcanzar un rendimiento mucho mayor que los de una ineficiente, puesto que en general esto conduce a una enorme rentabilidad y a que sean más los beneficios que conquistan el bolsillo de una persona.
Otro punto muy importante para los inversores es determinar si la compañía hace un uso eficiente del patrimonio neto, que está compuesto por la Tesorería, los activos duros y los resultados acumulados.
Este dato es central porque si una empresa no puede hacer un uso eficiente de los activos que pertenecen a los accionistas, estos optarán porque sea otro el sitio desde el que su dinero trabaje para ellos...
Para supervisar el nivel de eficiencia, los inversores los comparan con el patrimonio neto, que es similar a la que efectúan con el PER. En este caso, se denomina relación precio/valor contable. Para determinar esto, hay que hallar el valor contable de la compañía, que es el equivalente al patrimonio neto dividido por el número de acciones que la empresa ha emitido. Si la empresa en cuestión tiene activos por valor de 5.000 millones BJ y ha emitido 1.000 millones de títulos, su valor contable por acción será de 5BJ. Este dato le permite hacerse una idea acerca de si el valor actual de la firma es caro o no lo es.
Flujo de Tesorería
La Tesorería es la fuente de vida de una compañía. Con independencia de los resultados que presente en otros aspectos, si una empresa se queda sin dinero, pondrá fin a su actividad. Una firma tiene que disponer de fondos de tesorería para pagar a sus trabajadores, vendedores y accionistas, bien para repartir un dividendo, o bien para realizar dotaciones a los resultados acumulados con vista a que la compañía crezca e incremente el valor de sus acciones.
Algunos inversores optan por centrar su atención en el balance final de la empresa, la ganancia neta, y consideran que la cifra obtenida representa la cantidad de Tesorería que ha generado. En teoría, las ganancias netas son el resultado de hacer la operación de restar los gastos a los ingresos obtenidos. Pero no es exactamente así. Los inversores tienen un mayor interés en el volumen de Tesorería que una compañía es capaz de lograr que en las ganancias, una vez contabilizadas cuantas regularizaciones procedan. Por lo tanto, el flujo libre de caja destaca como una de las cifras que más interés despiertan en los inversores.
Este último concepto representa el caudal real de caja: el dinero del que una empresa dispone para invertir en nuevas iniciativas o para pagar dividendos. Para determinarlo, conviene identificar su ingreso neto, integrar la base imponible con los gastos de depreciación y de amortización, y a continuación restar los cambios en el capital circulante y en los gastos de capital del balance.
Es decir: Ganancia neta + Amortización + Depreciación - Cambios en el capital circulante - Gastos de capital = Flujo libre de capital
Los inversores utilizan los datos de flujo libre de capital en un análisis sobre una base de flujos de efectivos descontados para determinar si el precio de su acción es caro o barato en comparación con la Tesorería que está en condiciones de generar.
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