El sector financiero es difícil de analizar pues posee ciertas particularidades que tienen que ser evaluadas de forma específica. El proceso tradicional de análisis de cualquier activo es el mismo: surge de considerar los aspectos más generales (el entorno o marco de inversión) que parte de los aspectos macroeconómicos y coyunturales a nivel mundial o país, pasando la situación de la actividad económica en el sector en el que se encuentra.
Después se detallan las cifras microeconómicas, sus ratios financieros. No obstante, en el caso de un banco, contar con las herramientas tradicionales no resultará del todo eficaz dado que no se podrán aplicar o bien se sacarán conclusiones erróneas.
El financiero es un sector donde el resultado neto es mucho más manipulable que en otras actividades debido a la constitución de algunas previsiones a cuenta de futuros que se pueden anticipar o debido a probabilidades difíciles de cuantificar.
Muchos de los indicadores tradicionales no se pueden aplicar a las entidades financieras, mientras que otros necesitan cierta transformación. Por ejemplo, el pago de intereses es la razón misma de la existencia de los bancos, y no existe el EBITDA o el margen EBITDA, cifras de rentabilidad absolutas que no tienen en cuenta la actividad financiera.
Las variables principales para hacer un análisis exhaustivo el sector son la solvencia así como la rentabilidad. La solvencia es la característica de un bien semipúblico, en el sentido de que los reguladores tienen que estar de forma constante encima de la salud de las entidades dado que si se cortara el crédito en la economía afectaría a la actividad del país.
En materia de solvencia, hay que saber que una actividad financiera puede “apalancarse” para realizar sus tareas ya que es una de sus fuentes primarias de generación de rentabilidad
De este modo, con una cantidad de patrimonio, sus activos son bastante mayores en términos relativos que en otras entidades. Eso se deriva del hecho de que la mayor parte de los pasivos son depósitos que, en algunos casos, se saben en qué momento se tienen que devolver, pero que muchas veces no.
En lo que respecta a la rentabilidad, se aplican las medidas tradicionales como el retorno sobre el patrimonio neto. Al mismo tiempo, se utiliza el margen de intermediación que muestra el tanto por ciento de los ingresos financieros que representa el resultado bruto por intermediación financiera (numerador) y se expresa en porcentajes sobre cifras de los últimos 12 meses (trailing).
Esta cifra deriva de la rentabilidad de la actividad primaria de la entidad (la captación de fondos por depósitos y su colocación bajo la forma de préstamos), sin incluir comisiones ni ningún otro tipo de ingreso.
La tasa activa implícita es la promedio que cobra el banco, un ratio de performance que muestra la anual que está pidiendo por los créditos otorgados. En el denominador se toma el promedio de los saldos de los últimos cuatro trimestres de las cuentas préstamos y otros por intermediación financiera.
Si se quiere simplificar, se puede agarrar el saldo de activos o la “foto” del último trimestre, pero si existe mucha variación entre las medias podrían estar sobrevaluados si descendieron mucho en los últimos doce meses y viceversa.
La tasa pasiva implícita indica el interés pasivo anual que está pagando por los préstamos otorgados. En el denominador se usa como referencia la media de los saldos de los últimos cuatro trimestres de las cuentas depósitos y otras obligaciones por intermediación financiera.
Además, el spread mide el diferencial de tasas activas y pasivas que implícitamente está obteniendo el banco por sus operaciones y está relacionada con el margen de intermediación.
Para evaluar la calidad de la cartera, se puede usar un ratio de solvencia denominado Incobrabilidad de la cartera (past due loans), que mide la incidencia de las pérdidas por impago en el total de préstamos otorgados por una entidad financiera.
Cuanto menor sea el valor adoptado por este indicador, mejor para la compañía. Esta medida también podría calcularse ex ante si se tomara la cuenta previsiones por incobrabilidad en lugar de los cargos.
El índice de liquidez de una entidad financiera lo mide veces, o sea, la proporción de los depósitos que representan los activos de más fácil realización. El nivel óptimo dependerá de su estructura y será mayor cuanto menor sea el plazo promedio de vencimientos, y viceversa.
Otra manera de evaluar una entidad es ver qué porcentaje de los depósitos y de los préstamos están constituidos en moneda extranjera. Muchas fijan objetivos en base al volumen promedio en función de las sucursales o empleados que tienen, expresados en dólares: cuanto más altos sean, más eficiente será.
Para comprobar su evaluación hay que analizar la relación que existe entre su precio de mercado frente a su valor libros (price-to-book value). Esto se calcula mediante la división del patrimonio neto entre el número de acciones. La validez depende del tipo de títulos analizado.
Cabe recordar que se descuenta que los valores contables de activos y pasivos coincidan con su valor económico verdadero, por este motivo para las financieras es el método más utilizado pues deben ajustar su número al precio de mercado. Es importante también que no tenga una excesiva cantidad de créditos incobrables en su cartera.
La utilización correcta del valor libros deriva también de la incorporación del ROE al análisis: como demuestra la capacidad de la firma de obtener retornos de su patrimonio neto, uno más rentable justifica un price-to-book value más elevado.
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