En el mundo de las inversiones, las materias primas han sido siempre consideradas una clase de activo poco tradicional, pero desde hace un tiempo se han convertido en uno de los elementos casi imprescindibles en las carteras de inversión.
Este cambio se debe a que las materias primas han sido una de las mejores alternativas de los últimos años. Y es que no sólo apostar por commodities ha sido una buena elección gracias a los beneficios que otorga, sino que también permite una importante diversificación que representa, en muchos casos, una opción con baja correlación muy beneficiosa, como muestra el oro o los productos agrícolas, que poseen su propio ciclo independiente del ciclo de negocios bursátiles.
Otras materias primas más especulativas como lo son el petróleo, la plata o el cobre, dependen en mayor medida de la disponibilidad de fondos así como del apetito por el riesgo, por lo que están correlacionadas con la evolución de los mercados.
Los metales industriales y la energía forman un importante grupo que cuentan con una correlación positiva con el ciclo económico, mientras que otros tienen una correlación negativa. En este último grupo se incluyen los metales preciosos, en especial el oro, cuya demanda va incrementándose con el aumento en la percepción del riesgo.
Cómo se compran las materias primas
Los inversores que actúan en los mercados de materias primas no son muy distintos a los que operan en el mercado de bonos o acciones, aunque sí que existen ciertas particularidades a tener en cuenta. En primer lugar, hay que tener en cuenta que existen dos ámbitos de negociación: el mercado spot y el mercado de futuros.
El mercado spot es de contado, donde las operaciones se liquidan en el mismo día, mediante el uso de productores de la economía real. En este contexto, actúan las compañías petroleras que venden su producción, o las empresas que quieren fijar un precio a sus productos a futuro para evitar comprarlo más caro.
El mercado de futuros es el más utilizado por los inversores. Este escenario puede ayudar a cubrirse frente a la volatilidad en las cotizaciones o incluso para especular sobre el movimiento para beneficiarse. Este mercado es el que mejor replica el movimiento de las materias primas y la mejor alternativa para aquellos que buscan colocar su dinero en este sector.
Además, se puede buscar una exposición a las commodities a través de diferentes instrumentos, aunque eso sí, de forma imperfecta e indirecta. A modo de ejemplo, los ETF de materias primas han mejorado bastante en los últimos años, tanto en forma directa como inversa, en lineal o apalancada. Es decir, existe la posibilidad de exponerse de forma directa como a su rendimiento inverso, si se piensa que el mercado puede descender. Del mismo modo, si el inversor desea redoblar la apuesta, hay algunos con los que se puede duplican el rendimiento.
Uno de los problemas que existe es la diferencia de rendimiento de apostar por una materia prima a través de un ETF, que se debe a que la curva de futuros se encuentra con pendiente muy positiva, o lo que es lo mismo, que los vencimientos más lejanos anticipan repuntes en las cotizaciones.
Como la mayor parte de estos instrumentos invierten en el vencimiento más próximo, al pasarse a los más lejanos cuando se acerca su final, se debe vender el primero y barato y comprar más caro el segundo. En ese proceso, se pierde valor del fondo, es decir disminuye el Net Asset Value (NAV) sin que medie una baja en el activo subyacente.
Otra forma de exponerse es hacerlo a través de un ETF que incluya compañías productoras de materias primas, o bien en alguna de ellas en forma individual.
En la fijación de los precios de estos activos, intervienen aspectos relacionados con los fundamentals de oferta y demanda con las cuestiones especulativas de mercado, donde muchos inversores institucionales, inflan en forma artificial sus precios para sacar provecho de importantes ganancias en el corto plazo.
El aspecto más importante para esto es la oferta global, sobre todo por su relativa inestabilidad frente a una demanda más estable o conocida (alimentos). En menor medida es el caso de los bienes primarios atados al ciclo económico de uso industrial, como el cobre, o el aluminio cuyo valor es muy dependiente del ciclo económico: cuanto mayor es el desarrollo, más grande es la demanda de materias primas.
En el extremo se encuentra el petróleo u otras materias primas especulativos como la plata, en la que, en este último caso, dependen en gran medida de la demanda, o bien de factores puntuales como los conflictos bélicos en Oriente Medio.
La liquidez es uno de los factores que pueden afectar sensiblemente a la inversión en el sector. Cuando es abundante, mayor es la búsqueda de nuevas alternativas. Por ejemplo el azúcar alcanzó récords históricos de la mano del desarrollo de las energías alternativas o renovables. Por su parte, el litio o los minerales raros poseen una demanda en aumento debido a su uso industrial.
En resumen, los inversores en estos activos pueden ser las mismas empresas productoras o aquellas que necesitan proveerse de la mercadería necesaria a determinado precio para planificar mejor su proceso productivo, así como especuladores en busca de mayores rendimientos dispuesto a asumir ese riesgo.
Si bien el mercado de futuros media en estos riesgos, esta clase de activos está cada vez más presente en las carteras de los inversores más tradicionales, con independencia de su grado de aversión al riesgo.
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