La cumbre de la UE de finales de octubre, con el nuevo acuerdo sobre el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, ha sido un rotundo fracaso respecto del torpe marco político/del BCE, puesto que los políticos de la UE han vuelto a fallar a la hora de atajar el problema de la deuda soberana. Parece imposible que veamos una solución similar a la de EE.UU. o el Reino Unido, por la multiplicidad de mercados de bonos y tesoros independientes de la UE. En este caso, los alemanes “tienen la culpa”, puesto que no quieren pagar; tienen un Tribunal Constitucional que requiere una nueva constitución para poder avanzar; y tienden a oponerse a la emisión de moneda por los malos recuerdos de su oscuro pasado.
Por raro que parezca, el mercado ha estado celebrando una posible solución a la deuda europea hasta el mismo día en que se conoció el resultado de la cumbre de la UE. Pero la reciente confusión que hemos vivido por la situación política en Grecia e Italia, y que ha minado la confianza, ha vuelto a demostrar que la estructura de la UE sigue siendo muy frágil. Y la propia “solución”, el apalancamiento del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera a modo de programa de “seguro de bonos”, no ha logrado generar confianza. En el fondo, es un auto-seguro (de hecho: “Si estamos en apuros, prometemos disponer de los fondos necesarios para salir del bache…”) y en realidad no supone ninguna entrada de dinero nuevo, pese al aparente apalancamiento. Al igual que ha ocurrido con la esperada riqueza soberana de Asia y otras regiones, la de Europa no estaba precisamente a la vuelta de la esquina, y con razón. La propia conducta de la UE y la amenaza de la quiebra son un elemento suficientemente disuasorio. Lo más probable es que el dinero soberano del superávit de otros países solamente entraría en Europa si la UE emitiera auténticos eurobonos y diera muestras de una mayor solidaridad.
Entre tanto, en la reunión del BCE de principios de noviembre, el duro tono desde el punto de vista monetario del BCE quedó de manifiesto con las declaraciones de Draghi, en las que afirmaba que no le corresponde al BCE ser quien ofrezca crédito en última instancia a los gobiernos. La posición respecto de la Fed no podría ser más diferente (pese al gran volumen de las medidas de semi-relajación cuantitativa de facto del BCE que han entrado en juego a través de las Operaciones de Refinanciación a Largo Plazo y las compras de bonos del Programa de Mercados de Valores). Mientras el BCE no pueda emitir efectivamente moneda sin limitaciones, las probabilidades de que Italia vuelva a sufrir los problemas que ya vivió a principios de noviembre, puede hacer que los mercados queden rápidamente fuera de control, con las implicaciones sistémicas que conllevaría. ¿Cuál será la tendencia? Mientras Alemania o el BCE no muestren una posición más activa por lo que respecta a los eurobonos, parece probable que el riesgo de ruptura de la eurozona aumente día a día. Este es un asunto que no conviene perder de vista.
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