En las últimas dos décadas, la economía de la Argentina ha transitado varias crisis: el Efecto Tequila en 1994, la devaluación brasileña en 1999 y la crisis argentina de 2001-2002. Todos estos acontecimientos han sido un enorme aprendizaje para el país. Nuestra economía está atravesando actualmente la crisis financiera iniciada en los EE.UU. en 2008 con un relativo bienestar si se lo compara con otras economías.
En los ‘90, la economía argentina logró moderar los niveles inflacionarios e incrementar la tasa de crecimiento de largo plazo. La situación se extendió hasta 1995, momento en que comenzaron a sentirse los efectos de la devaluación de la moneda mexicana, lo que implicó que el PIB de Argentina se contrajera ese año dada la incertidumbre que se generó en los mercados de capitales así como una contracción en las reservas del BCRA del 37%. Los problemas que se presentaron en el sistema financiero impactaron fuertemente sobre los créditos otorgados a las empresas, lo que implicó que la recesión permaneciera hasta el primer trimestre de 1996.
Dado su carácter regional, la superación de esa crisis fue rápida y los países afectados tuvieron una salida exportadora y una vuelta a los mercados de capitales permitiendo una pronta recuperación.
Pero en 1998, la Argentina debió enfrentarse a la crisis asiática cuando Tailandia deja flotar su tipo de cambio, poniendo en tela de juicio la viabilidad del sistema monetario adoptado por los países vecinos. Los sistemas financieros de las regiones asiáticas desnudó muchas de sus inconsistencias y Argentina sufrió un incremento en el riesgo país debido a la semejanza del sistema financiero local con el de Hong Kong. Además, otros dos factores influyeron en la economía: Brasil y Chile se vieron altamente influenciados por dicha crisis a la vez que los precios de los commodities se redujeron abruptamente afectando el valor de las exportaciones argentinas.
Como consecuencia de la buena reputación generada por la performance ante la Crisis del Tequila, la Argentina no sufrió amplios riesgos de devaluación. En agosto de 1998, Rusia devaluó su moneda impactando fuertemente en todas las economías emergentes, siendo Brasil una de las más afectadas viéndose reducida su capacidad de refinanciar la deuda tanto externa como local. En la Argentina los efectos comenzaron a sentirse desde la economía real: la industria desaceleró su crecimiento, cayeron los precios de los commodities y se retrajeron las exportaciones así como las importaciones.
Con la fuerte pérdida de reservas del Banco Central de Brasil como consecuencia de la crisis asiática, sumado a la incertidumbre que sufría ese país, las tasas de interés se incrementaron notablemente, generando problemas fiscales y la consecuente fuga de capitales. De esta manera, el país vecino devaluó su moneda provocando menores exportaciones argentina y un abaratamiento de los productos brasileños que afectaron a los productores locales.
Así, en 1999 nuestro país presentó otra variación negativa del PIB en la década de -3,4%. La situación se tornó insostenible y para el año 2001 nuestro país contaba con un alto nivel de endeudamiento que produjo una salida forzosa de la Convertibilidad, lo cual provocó fuertes caídas en la actividad y consecuentemente en el empleo.
El PIB descendió 4,5% en 2001 y por encima de 10% en 2002. La recuperación se dio a partir de 2003, momento en que nuestro país vivió tasas de expansión por encima de 7% hasta 2007 como consecuencia de la recuperación y las mejores condiciones externas.
El Gobierno se dispuso a crear las políticas necesarias para aminorar el impacto que pueda tener la crisis sobre la economía argentina. Se puede observar como mediante una fuerte intervención del BCRA en la política monetaria, el tipo de cambio no ha registrado altos niveles de volatilidad, como sucedió en el caso de sus pares Brasil y México).
Las autoridades argentinas han logrado en los primeros meses del año una devaluación gradual, que luego fue estabilizada en valores alrededor de los 3,83 pesos. Sin embargo, otro factor también jugó a favor de dicha estrategia: la estabilización del tipo de cambio fue generada también por la devaluación global del dólar además de las políticas internas.
El Gobierno pudo hacer uso de sus herramientas para que la crisis internacional no impactara tan fuertemente en el producto del país como lo ha hecho en otras crisis.
No debemos descartar el hecho que los errores que se habían realizado en un pasado generaron que el país esté cerrado a los mercados de capitales internacionales. Muchos países, dependientes de la financiación externa, se vieron más afectado por las limitaciones a nivel global de los préstamos de los bancos. Como muchos dicen, “no hay mal que por bien no venga”. Argentina, por las malas políticas llevadas a cabo frente a los acreedores de la deuda del Gobierno, se había cerrado al crédito internacional lo que generó una menor tasa de inversión pero produjo que la economía no sufriera la escasez de crédito ante el colapso de los mercados financieros el año pasado.
La política cambiaria que el BCRA lleva a cabo es una política de flotación administrada, cuyo objetivo es asegurar la estabilidad de los mercados cambiarios y de dinero frente al contexto internacional actual. Así por medio del Mercado Único y Libre de Cambio, la entidad realiza compra y venta de divisas con el objeto de equilibrar la oferta y la demanda en el mercado cambiario generando menor volatilidad en la cotización de la divisa norteamericana respecto al peso argentino.
Cuando el temor invade a los agentes económicos argentinos, el dólar es el activo de refugio por excelencia. Ante el peligro de una fuga de capitales, o lo que es lo mismo un incremento en la demanda de dólares a cambio de los pesos que mantienen los agentes, el Banco Central salió al mercado a enfrentar esta demanda por medio de la venta de moneda extranjera.
En 2008, dos factores locales generaron la necesidad que un incremento en las ventas de moneda extranjera al mercado por parte de la entidad. En mayo de 2008, tuvimos el conflicto con el campo mientras que en octubre se vivió la estatización de los fondos de las AFJPs. En marzo de este año el temor acerca del conflicto entre el agro y el Gobierno volvió a incrementar la demanda de divisas extranjeras ante un temor acerca de una posible disminución en la liquidación de divisas de las exportaciones.
La constante intervención del BCRA en el mercado cambiario logró mantener la estabilidad en el sistema financiero local, generando a su vez mayor tranquilidad en los agentes económicos lo que redujo a su vez la demanda por moneda extranjera.
La evolución comparada del peso argentino, mexicano, y el real brasileño es una muestra del buen manejo del Banco Central. El peso argentino, a pesar de haber registrado la misma depreciación que el peso mexicano desde julio del año pasado, la misma se dio con mucha menor volatilidad, al igual que el real brasileño.
Índice de variación porcentual del tipo de cambio (vs. el dólar): julio 2008=100

La volatilidad de la moneda doméstica en los últimos 12 meses (poco más del 4%) no sólo es la más baja entre los países de Latinoamérica, sino de todos los emergentes (a excepción de Hong Kong, que posee un tipo de cambio fijo y de China que está atado al dólar con mínimas devaluaciones).
Así, la demanda de moneda extranjera para cambio de portfolio privado alcanzó el nivel más bajo mensual desde julio de 2007 (comienzo de la crisis subprime en EE.UU.). Otro factor que disminuyó el apetito por una dolarización de carteras fue un contexto financiero internacional más favorable.
Quedó demostrado que el BCRA tiene el sustento para enfrentar los cambios en la demanda de dólares dado que cuenta con reservas internacionales que aún se mantienen en niveles elevados, representando cerca del 100% del agregado monetario M2 y el 40% de la deuda externa total. En 2001, las mismas representaban sólo la mitad, lo que nos demuestra que el Banco Central está mucho más preparado para enfrentar una eventual fuga de capitales.
Las expectativas han ido mejorando lentamente, lo que le ha causado un severo dolor de cabeza a aquellos bancos y otros agentes económicos que han apostado en contra del peso y a favor del dólar en el último año. Los futuros del ROFEX han bajado mucho y nos indican que los inversores no creen que el peso vaya a depreciarse fuertemente en los próximos meses: el forward del peso a un año llegó a cotizar a fines del año pasado a USD/ARS 6,57, contrayéndose en forma ininterrumpida hasta los USD/ARS 4,29 actuales.
En los últimos meses el dólar se ha situado en un rango estable y la fuga de capitales ha cesado, no sólo por los factores externos sino también por la mejora de las condiciones internas. Por un lado, la depreciación del dólar está generando que los inversores no deseen tener más dólares en sus carteras dado que, de lo contrario, estarían perdiendo el costo de oportunidad de generar una ganancia de intereses que dicha divisa genera actualmente.
Y, por otro lado, la crisis no ha dejado libre de riesgo a ningún país: vimos como algunos países de Europa empezaron a mostrar ciertos signos de debilidad en cuanto a sus balances fiscales, Asia estaría inmersa en una burbuja que podría explotar en cualquier momento, y EE.UU. caería nuevamente si las autoridades incrementan la tasa de interés y eliminan los estímulos demasiado pronto. Por esto es que los inversores locales no desean con tal entusiasmo retirar sus depósitos de los bancos domésticos e invertirlos en otros activos en el exterior.
En el centro de la estabilidad financiera y monetaria se encuentra el BCRA que, por medio de las políticas implementadas, logra mantener la estabilidad en los mercados generando confianza e incrementando, como resultado, la demanda por moneda local. Así, los depósitos en pesos se incrementaron 1,5% en noviembre destacándose los depósitos a plazo que aumentaron en forma mensual un 4% en dicho mes.
De la masa de dinero depositado, los bancos mantienen un 37% en las cuentas corrientes del BCRA, en efectivo, en pases netos pactados con esta entidad y en LEBAC y NOBAC. Por el lado de los activos de las entidades financieras, los préstamos en pesos al sector privado incrementándose en noviembre 1,2%, la mayor expansión de los últimos 12 meses, siendo los créditos al consumo los que mostraron un mayor dinamismo. Por su parte, tanto las tasas de interés activas como las pasivas se redujeron en noviembre.
En síntesis, la autoridad monetaria ha logrado demostrar una gran aptitud para capear la última crisis y ha aprendido de las crisis anteriores. La volatilidad del tipo de cambio es muy inferior a otras monedas de la región y el 2009 ha transcurrido con relativa normalidad en el sistema financiero. El desafío de cómo aumentar la intermediación financiera es el gran desafío, una meta a lograr en el mediano plazo pero que sin dudas en un escenario de crecimiento será más fácil de alcanzar que en el último año.
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