Aunque Fitch Ratings asegure que el rescate anunciado por la UE y el FMI mejora materialmente la situación de la deuda griega, la opinión en el resto del mercado hoy es que el camino hacia la calma en la eurozona no será tan directo y cómodo. El proceso de aprobación para las ayudas anunciadas es el primer punto problemático, tal y como era de esperar. Es la situación más fácil del mundo para que un político alemán u holandés diga: por qué permitir que usted, el contribuyente, pague un dineral a los bancos que compraron deuda griega, y que incluso obtengan beneficios de ello? Y asumiendo que se aprueba el paquete, el consenso es que los fondos acordados sólo cubren un par de años del déficit de un país que no es competitivo y que tendrá serios problemas de deflación debido a la necesaria austeridad. La única ruta para Grecia a un año o dos vista es la quiebra de su deuda, o la devaluación a través de una salida del euro (que sería la mejor opción a largo plazo para el país).
Además, el paquete griego no ha servido para calmar los miedos al contagio, y ese riesgo podría convertirse en una crisis autoalimentada si los bancos que cuentan con peligrosa deuda soberana, ya sea griega o de donde sea, deciden que quieren abandonar el barco. Probablemente éste sea el motivo por el que no se acordaron recortes profundos en la deuda griega, ya que los bancos empezarían a descontar los riesgos de un recorte similar en otras deudas como la portuguesa o la española. Eso crearía una avalancha de órdenes de venta que no encontraría compradores. El potencial para que la situación se quede fuera de control es quizás superior en el corto plazo de lo que previamente habíamos considerado, aunque la única garantía es la fuerte volatilidad.
La única institución con suficiente tamaño como para prevenir una debacle es el BCE, que se encuentra en una posición muy difícil y tengá que hacer una excepción en las normas. Un artículo publicado en Bloomberg habla de la posibilidad de que el Banco Central Europeo tenga eventualmente que monetizar la deuda. Este movimiento se toparía con una gran resistencia (y furia) por parte de los alemanes. ¿Es éste el comienzo del fin de la eurozona? Eso es lo que el mercado está empezando a descontar a estas alturas. Si se da el caso, tenemos que recordar que, llegado el momento, un montón de esos euros se convertirán en marcos de nuevo, y que esos marcos empiezan a parecer muy baratos comparados con divisas boyantes como el dólar australiano y el canadiense.

El euro-dólar cae rápidamente, y el 1,30 probablemente suponga un breve soporte psicológico si los gestores de las reservas de los bancos centrales deciden que quieren intervenir y acumular cerca de ese nivel. De no ser así, no hay mucho a lo que el cruce pueda agarrarse y nos preguntamos si la gigantesca formación hombro-cabeza-hombro podría entrar a jugar antes de lo que creíamos posible. ¿Nos dirigimos rápidamente a un test de los mínimos de 2008 en torno a 1,2330?
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