Durante el último mes del año pasado asistimos a un importante cambio de suertes en las principales divisas debido a los movimientos tectónicos que se produjeron en el mercado de renta fija. Después de que las rentabilidades cayeran a mínimos en noviembre, pudimos observar un cambio al alza tras los buenos datos de empleo en Estados Unidos que se conocieron a primeros de diciembre.
La fuerte venta de bonos del Tesoro norteamericanos en toda la curva (¿o deberíamos decir falta de compra por las ansias de algunas instituciones como hedge funds por cerrar sus libros el 1 de diciembre?) permitió que los diferenciales de la deuda se estrecharan a favor del billete verde. Este descubrimiento en el mercado de bonos podría haber puesto punto y final – o al menos haber marcado el principio del final- del carry trade con dólares tal y como se había estado desarrollando en los últimos meses. Finalmente el mercado se cuestionó la rancia lógica del trading sobre el dólar que sólo se basa en el apetito por el riesgo, sin tener en cuenta cuánto afecta a la economía americana este tipo de movimientos.
La ruptura de la vieja correlación entre el dólar y el apetito por el riesgo fue repentina: la divisa estadounidense tuvo un excelente diciembre, y llegó a subir un 4,25% frente al euro y un 7,3% en su cruce con el yen. El dólar se comportó menos bien frente a otras divisas pro-riesgo, pero tampoco perdió mucho frente a esas monedas hasta principios de enero, cuando las rentabilidades de los bonos estadounidenses comenzaron a consolidarse.
Ahora, más que fijarse en las subidas y bajadas de los mercados de renta variable, los traders del dólar deber estar atentos a la fortaleza de los datos económicos en Estados Unidos y sus efectos en los diferenciales, especialmente mientras se mantenga vivo el apetito por el riesgo.
Pero el apetito por el riesgo significa que los movimientos de Carry Trade seguirán siendo atractivos…
Si los mercados han enseñado algo a los traders de divisas es que mientras el apetito por el riesgo siga vivo deben buscar fuertes movimientos de carry trade. Y algo seguro, que mientras que estos movimientos de financiación con el dólar se desvanecieron entre finales de noviembre y principios de diciembre, el yen estaba esperando pacientemente para acudir al rescate del carry trade.
Siempre y cuando las rentabilidades de los bonos vayan al alza, tal y como lo han hecho en las últimas semanas, los bonos japoneses (con tan baja rentabilidad) no tienen ninguna oportunidad de competir con otros grandes mercados de renta fija y los diferenciales se mueven inevitablemente en contra del yen. Esta nueva vía de carry trade con el yen ha encontrado un apoyo adicional con el nuevo ministro de finanzas nipón, que ha mostrado una visión más tradicional sobre los peligros que podría entrañar para la economía del país una divisa fuerte, frente a la actitud del anterior ministro. El carry trade podría estar ganando “momentum” debido a que el Banco de Japón podría tener que adoptar nuevas políticas de alivio cuantitativo que le permitan combatir la deflación, y eso a pesar de que Japón tiene el peor ratio de deuda de las grandes economías, el 200% de su PIB. El país está llevando a cabo esta política mientras la frase que se repite entre otros banqueros centrales es la de “estrategias de salida”
Larga vida al carry trade con el yen, incluso si larga quiere decir por varios meses, o tanto como dure en un mercado que está atravesando un periodo de exhuberancia irracional desde hace ya un tiempo.
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